Ulises y Argos

Emprendimiento femenino multiespecie: ¿quién lidera la educación canina amable?

Cuando las mujeres llevamos la correa… pero no el micrófono

Llevo años acompañando a mujeres que quieren dedicarse a la educación canina, emprender en ello o reinventarse dentro del sector. Y siempre me sorprende la misma paradoja: cuando miro quién sostiene el trabajo diario, la mayoría son mujeres; cuando miro quién ocupa los escenarios, los cargos de dirección o las portadas de “expertos”, casi siempre aparecen hombres.

Y esto dice mucho.

Del sector. De nosotras. Y de cómo funciona el emprendimiento canino en España.

España nunca había invertido tanto en sus perros.

El mercado, las escuelas y las profesionales del sector vivimos una época dorada. Cada vez más personas buscan profesionales preparados en educación canina amable, comunicación imultiespecie y bienestar emocional. Y, sin embargo, el crecimiento del sector no viene acompañado de un crecimiento en igualdad.

Emprender en educación canina: un cambio iniciado por mujeres, pero contado por hombres

Cuando una mujer decide emprender como educadora canina, suele encontrarse con un territorio lleno de pasión… pero también lleno de obstáculos que ya conocemos en otros ámbitos: dificultades para acceder a financiación, precariedad, poca visibilidad y un sesgo de credibilidad que sigue pesando más de lo que debería.

La historia del sector tampoco ayuda. Durante décadas, el adiestramiento se asoció a la fuerza, la jerarquía y el control. Una figura masculina, autoritaria, cargada de “técnicas” que hoy ya sabemos que no respetaban las necesidades emocionales del perro.

Pero algo está cambiando.

Cada vez más mujeres están construyendo un emprendimiento canino más humano, más científico y más ético. Y están demostrando que educar no es dominar, sino comprender.

El sesgo de la autoridad en educación canina

Aunque el 80% de quienes educan perros en el mundo somos mujeres, la autoridad técnica y la visibilidad siguen siendo, mayoritariamente, masculinas. Parece que el sector ha cambiado… pero los altavoces no.

En España lo veo cada día:

  • Cursos impartidos por hombres, pero diseñados por mujeres.
  • Escuelas lideradas por ellos, pero gestionadas por ellas.
  • Proyectos donde las mujeres ponen el trabajo, pero ellos la firma.

Y luego están las pequeñas escenas cotidianas, esas que resumen el problema con una claridad incómoda.

“Todavía recuerdo cuando me llamaron para trabajar con un perro con comportamientos agresivos y, al descolgar el teléfono, me preguntaron si podían hablar con el educador. Pensaban que era la secretaria de mi propio proyecto.”

Porque si querida, el emprendimiento canino tiene un sesgo que no siempre se nombra, pero todas lo hemos respirado.

Formarse en educación canina desde otro lugar

Las pioneras internacionales (Karen Pryor, Turid Rugaas, Jane Goodall…) ya demostraron que otro camino era posible: uno basado en el refuerzo positivo, la observación, la calma y la cooperación. Sin embargo, la visibilidad actual sigue repitiendo patrones antiguos: ellos hablan, nosotras hacemos.

Por eso, cuando acompaño a mujeres que quieren emprender en el sector canino, casi siempre surge la misma reflexión:

“No quiero aprender a dominar a un perro; quiero entenderlo.”

Esa frase, que puede parecer sencilla, es el núcleo del cambio.

El verdadero emprendimiento canino empieza en la empatía

Emprender en este sector no es solo montar un negocio: es posicionarte, decidir qué tipo de educación defiendes y qué impacto quieres dejar en las familias. Las mujeres que hoy lideran este movimiento lo hacen desde un lugar radicalmente diferente:

  • Lideran desde la escucha.
  • Enseñan desde la calma.
  • Construyen desde la cooperación.
  • Estudian con rigor científico.
  • Emprenden con ética y sensibilidad.

Y aunque todavía no ocupemos todos los espacios que merecemos, sí estamos ocupando algo más importante: el futuro.

Un sector que cambia porque nosotras ya estamos aquí

La educación canina está viviendo un cambio profundo, y ese cambio tiene acento femenino. Cada proyecto, cada escuela, cada profesional que decide emprender desde la empatía contribuye a transformar esta profesión desde la base.

Puede que no siempre tengamos la visibilidad que merecemos… pero estamos dejando huella. Una huella que no se borra. Una huella que no se impone, sino que acompaña.

Porque sí:
el emprendimiento canino es femenino, sensible, científico y valiente. Y está construyendo una nueva manera de convivir con los perros… y con nosotras mismas.

¿Eres emprendedora canina? 

Te invito a descubrir El Círculo [i]rracional, la comunidad de mujeres que se ganan la vida haciendo felices a los perros